La política debe enseñar, en primer lugar con la palabra, luego con el ejemplo. La palabra debe pronunciarse o escribirse de forma responsable y respetuosa, usando los términos adecuados, y guardando las formas de la cortesía y los buenos modales. Estos no están reñidos con la sencillez y la firmeza. El mensaje sencillo se logra con un lenguaje simple, claro, que no vulgar. Y se debe construir para transmitir con fuerza las ideas por las cuales trabajamos.
         Por supuesto que además de la palabra, en la política, debemos esforzarnos en enseñar con el ejemplo. Son nuestros hechos, nuestro comportamiento el que mejor puede enseñar, cuando se trata de hacer pedagogía desde la política.
         Si los dirigentes políticos, parlamentarios o candidatos educan con la palabra y el ejemplo, los ciudadanos se esforzarán en hacerlo también. Si el liderazgo no respeta la ley, no respeta las normas de la convivencia civilizada, y además, se comunica de forma vulgar con sus semejantes, se hace regla esta conducta en la ciudadanía, y la nación regresa  a la violencia política que tanto ha costado erradicar.
         Es, entonces, nuestra obligación insistir en la inmensa responsabilidad que tenemos quienes actuamos en el campo del liderazgo político y agrego a los comunicadores sociales. Nos corresponde a todos educar. Me preocupa la impresión que recibo en diversos escenarios, incluido el Parlamento, donde los nuevos actores de la sociedad democrática no parecieran entender esta responsabilidad tan significativa.
        Es menester, entonces, insistir con ocasión y sin ella, en el deber que tenemos de ejercer la pedagogía desde el campo de la política.  No se es más popular porque se es vulgar.
Los actores de la política democrática debemos superar ese daño, infligido al cuerpo social desde quienes instan al discurso violento y represivo.
        El cambio que Chile necesita debemos ir  forjando desde ahora. El respeto, el lenguaje adecuado, el comportamiento respetuoso y responsable no puede esperar una época no electoral.
La cultura democrática debemos promoverla en todo momento. No podemos llamarnos demócratas y asumir un comportamiento autoritario.
Nuestra sociedad democrática debe enseñar desde ahora valores y comportamientos democráticos. No solo en el discurso, que es muy importante, sino además en la vida cotidiana y en el manejo de las instituciones bajo nuestra dirección.
       No podemos hablar de democracia y tener partidos anti-democráticos, sin importar si son de derecha, de centro o izquierda, señales nefastas donde candidatos a presidencias nacionales no son electos por ser mayoría y sitúan reglas distintas a la que conoce el ciudadano común. No podemos hablar y denunciar la discriminación, y aplicar comportamientos fraudulentos, excluyentes y antidemocráticos en nuestros procesos internos electorales.
       Es la hora de cambiar. No solo cambiar al régimen. Si no de cambiar nosotros quienes entendemos que la política es educación, comunicación y servicio.

Lo que debes saber

Gracias a la gratuidad, las familias correspondientes al 60% de menores ingresos de la población, cuyos miembros estudien en instituciones adscritas a este beneficio, no deberán pagar el arancel ni la matrícula en su institución durante la duración formal de la carrera.

Para definir la clasificación socioeconómica de los estudiantes se considera la información entregada por los jóvenes a través del Formulario Único de Acreditación Socioeconómica (FUAS) al Ministerio de Educación, datos que son validados con las bases de distintos organismos del Estado.

http://www.gratuidad.cl/lo-que-debes-saber/
 
PROFESOR EDSON BERNAL MARTINEZ Magister en Gestión de calidad Magister en Gestión Curricular y Proyectos. Experto en Análisis, diseño, implementación y evaluación de propuestas integrales e innovadoras de políticas educativas públicas